VIOLA
Los días posteriores a esa confesión fueron extraños: tranquilos por fuera, pero turbulentos por dentro.
Lucas y yo ya no nos comunicábamos. Ni mensajes, ni llamadas, ni saludos incómodos en la galería como de costumbre. Parecíamos retirarnos en silencio, cada uno ocupado con las heridas que nos habíamos infligido mutuamente.
Y en medio de ese vacío, el mundo seguía girando.
Andreas finalmente vino a verme después de meses de evitarme. Recuerdo que esa mañana estaba sentada en el jard