VIOLA
No la pensé mucho. Inmediatamente agarré mi teléfono y marqué el número de Lucas con manos temblorosas.
Él respondió con naturalidad:
—Sí, Viola. ¿Por qué, me extrañas?
—Lucas... hay alguien afuera. Creo que él...
—No salgas. Voy para allá.
Su voz era firme, sin vacilación. Unos minutos más tarde, se oyó el ruido de un motor de coche a lo lejos. Cuando miré por la ventana, un coche negro se detuvo justo delante de mi edificio. Lucas salió y corrió hacia mi puerta.
Al poco rato, se o