El cuarto trasero de la Galería Vance huele a barniz viejo, polvo acumulado y a la inconfundible fragancia de la desesperación financiera. Dimitrios Korpis detesta los espacios cerrados que no huelen a poder puro o a la brisa salada del Mediterráneo, pero esta oficina improvisada, oculta tras el glamour decadente de la sala de exposiciones, se ha convertido en su búnker táctico personal. Se pasea de un extremo a otro de la reducida estancia, con la chaqueta del traje azul medianoch