73. Tres Monarcas para una corona
Samira miró el frasco de veneno azul, luego miró las cicatrices de las muñecas de Elena y el rostro deshecho de sus compañeras del este, quienes bajaron lentamente las facas de latón, comprendiendo que la extranjera les estaba ofreciendo una salida de un sistema que las había devorado durante generaciones.
Con un sollozo ahogado, Samira aflojó los dedos. El frasco de vidrio soplado resbaló de su mano y Elena lo atrapó en el aire antes de que tocara el suelo de mármol.
Elena Rossi sonrió con