66. El Mensaje del Mediterráneo
Elena dio tres pasos hacia atrás, alejándose de la columna y dejando que la luz de la luna llena iluminara su rostro. Su expresión ya no era la de la mujer asustada que buscaba un salvador. Una sonrisa gélida, cargada de una ironía asesina, transformó sus facciones. Levantó su mano derecha, permitiendo que la llave de titanio tintineara bajo los rayos de plata.
—Te equivocaste de presa, Melik —siseó Elena, su voz resonando con una autoridad que heló el aire de las ruinas —Te dije en el oasis