57. El Quiebre en la Mesa de Mapas
Esperaba lágrimas, un ruego o un grito desesperado que alertara a la guardia táctica de Amir, lo que le habría dado la excusa perfecta para desatar una matanza inmediata en los pasillos del palacio y romper el tratado antes del amanecer.
Pero Elena Rossi no era una moneda de cambio, y su paciencia ante los lobos de oriente se había agotado en la llanura de sal.
En lugar de gritar, en lugar de mostrar el menor rastro de debilidad que alimentara el colosal ego del príncipe, Elena aprovechó