55. El Dilema en los Pasillos de Mármol
Su mirada descendía por la palidez de su piel, deteniéndose en las marcas que la luz de las antorchas revelaba, saboreando la memoria de su forcejeo carnal en la garganta volcánica. Con una lentitud insultante, el Melik levantó su copa de vino de palmera con la mano izquierda, sosteniéndole la mirada a Elena en un brindis silencioso, lascivo y cargado de una promesa de dominación. Su presencia en esa mesa no tenía nada de diplomática; era una declaración explícita de que el norte no se había re