54. Los Depredadores
El eco de los tambores de rendición en la Fortaleza de la Roca Negra aún resonaba en la memoria de los caídos, pero en el Palacio de Verano de Jebel Ali, la guerra ya no se libraba con fusiles de asalto ni tanques blindados. Se libraba con miradas cargadas de veneno, sonrisas diplomáticas y el tintineo hipócrita de las copas de cristal. Las compuertas de agua del norte habían sido abiertas a la fuerza, aliviando temporalmente la sed de las ciudades del emirato, pero el costo de aquella victoria