48. El Caos de la Imprudencia
El forcejeo se volvió una danza violenta y desesperada en la estrechez de la garganta volcánica. Los jirones de la túnica de Elena se enredaron entre las piernas de ambos, y el roce continuo de sus pieles en medio de la lucha generó una tensión brutal, cargada de una hostilidad que el Melik transformaba en pura estimulación para su ego. Cada intento de Elena por golpear, cada torsión de sus caderas desnudas contra los muslos firmes del príncipe, solo hacía que la posesividad del captor aumentar