49. El Grito de la Leona
Ver los dedos ásperos del árabe deslizarse por el hombro desnudo de Elena, la misma piel clara que él había adorado en la distancia y por la que había cruzado continentes, desató en el italiano una locura asesina que anuló cualquier pizca de su entrenamiento táctico. Los celos enfermizos, mezclados con el dolor punzante de su costado herido, le nublaron la vista por completo.
—¡Suéltala, maldito bastardo! —rugió Matteo, un grito visceral que nació desde lo más profundo de sus entrañas.
Igno