CAPÍTULO 88 — Calidez o incendio, seguridad o electricidad.
La cena terminó entre aplausos formales, risas diplomáticas y despedidas elegantes.
Miriam estaba agotada.
No físicamente, si no emocionalmente.
Joshua se acercó a ella mientras los últimos invitados comenzaban a retirarse.
—Te llevo a casa, te ves cansada —dijo con suavidad.
Ella asintió.
—Gracias.
Él tomó su mano para guiarla entre las mesas, el gesto fue natural. Caballeroso.
Y Miriam sintió algo.
Calidez, seguridad, un tipo de tranquilidad que no la desarmaba, no le temblaban las rodillas,