El baño estaba casi vacío.
La música del salón llegaba amortiguada a través de las paredes, como si perteneciera a otro mundo.
Miriam apoyó ambas manos en el lavabo de mármol mientras su reflejo la miraba de vuelta.
El maquillaje impecable, el vestido ajustado, los ojos brillando… pero no de felicidad.
Abrió el grifo y dejó que el agua fría corriera sobre sus muñecas.
Intentaba calmar el latido desbocado en su pecho.
Miguel no tiene novia.
La frase le daba vueltas en la cabeza.
Pero junto a esa