En el galpón, el eco de la risa de Adela se mezclaba con el frío del lugar, dos de sus hombres se mantenían firmes a su lado mientras Patrick terminaba de preparar el arma con una calma inquietante, como si aquello fuera un simple trámite más en una lista que ya había cruzado demasiadas líneas.
—Ten… está cargada —dijo entregándole el arma—, con cuidado… no se te vaya a disparar.
Patrick caminó hacia Amelia con pasos lentos, medidos, observándola como si evaluara una pieza en un tablero, se aga