Miguel llegaba donde Miriam con una sonrisa, el día habia sido largo, y toda la mañana lejos de ella lo hacía aun mas tedioso. Sobre todo lidiar con su primo.
Ella estaba en la oficina terminando de archivar cuando, de pronto, unas manos se sujetaron a su cintura.
—¡Aaah!
Miriam dio un salto.
—¡Miguel! Me asustaste… te demoraste mucho.
Miguel sonrió contra su cuello, rodeándola con más fuerza.
—Sí… es que tuve harto que solucionar, pero ya está todo bien.
Le dio un beso en el cuello, lento.
—¿Q