Miriam la miró con cariño, evaluándola en silencio. A simple vista se notaba que Arabella era una muchacha dulce, pero había algo más en su mirada… una firmeza, una fuerza que no cualquiera tenía.
—Sí, tú. Subamos, vamos a hablar —dijo con una sonrisa suave—. ¿Tienes tiempo?
Arabella dudó un segundo, bajando la mirada.
—Es que debo ir a comprar algunas cosas…
—Le doy permiso a Damy para que te acompañe y te ayude —intervino Miriam con naturalidad.
—Y yo le pasaré mi auto, así que será más rápid