Miriam llegó al departamento cansada, tiró sus tacos y miró a su alrededor. La soledad de su departamento solo le recordaba que llevaba casi tres días sin Miguel. Miró su celular y no tenía ningún mensaje de él desde el almuerzo. Suspiró y se metió a bañar.
El agua caía tibia sobre su cuerpo. Cerró los ojos y dejó que la ducha se llevara todo el estrés del día.
De pronto sintió una presencia detrás. Unas manos firmes tomaron su cadera y su corazón saltó. Se giró asustada y ahí estaba la sonrisa