Damián iba feliz manejando el auto deportivo descapotable de Miguel.
Había puesto música y bailaba mientras manejaba, completamente despreocupado, mientras Arabella lo miraba de reojo con una sonrisa divertida.
—Está loco…
—¿Qué? No, jajaja… es que me encanta manejar este auto —dijo con entusiasmo—. Me ha gustado desde que vi llegar a Miguel en él. Sin duda mi amiga tiene mucha suerte de que mi jefecito la adore.
Arabella asintió suavemente.
—Ellos se ven muy bien juntos.
—Sí… él la adora. Al f