Erick llegaba a casa después de un largo día. Las peleas constantes con su madre ya le estaban pasando la cuenta. De la cocina salió Amelia con un delantal, sonriendo. Eso fue suficiente para que Erick sonriera.
Caminó directo a ella y la levantó en sus brazos para besarla.
—¿Cómo está mi bebé? ¿Se ha portado bien?
—Sí, nada que decir, es un bebé tranquilo.
Erick puso su mano sobre su pancita, que ya se notaba, y sonrió al sentir cómo se movía.
—Ahí te está saludando.
—Qué aroma es eso ¿Cocinas