Llegó la hora del almuerzo y, como cada día, Damián bajaba emocionado y chocó con Miriam.
—Hey, ¿dónde vas tan rápido?
—Me traen mi almuerzo.
—¿Encargaste comida?
—No es necesario, alguien me trae comida casera.
—¿Y ese bolso?
—Aaah, es que yo le paso el vacío y ella me da el lleno. Hoy le puse chocolates porque no le gusta que le pague, así que compré los chocolates más ricos que encontré.
Miriam rió y lo vio correr hacia el ascensor. Unas manos fuertes tomaron su cintura y besaron su cuello.