La mañana en la oficina llegó tranquila.
Miriam caminaba de la mano con Miguel, como cada día, con una sonrisa suave en los labios. A unos pasos detrás, Erick llegaba junto a Amelia, protegiéndola con esa presencia firme que lo caracterizaba.
Los cuatro subieron juntos a la oficina de Amelia.
—¿Qué harán hoy? —preguntó Amelia mientras se acomodaba.
—¿Por qué? —respondió Erick.
—Pensé que podríamos almorzar los cuatro juntos… podrían pasar por nosotras.
Miguel y Erick se miraron y sonrieron.
—N