Llegó la noche y Miguel se despidió de Miriam.
Sus labios no querían dejarla ir, pero debía volver a su departamento.
—Nos vemos mañana, chiquitita. Pasaré por ti para ir a la oficina.
—Está bien… adiós.
Un beso más y Miguel se fue.
Miriam lo vio desaparecer por el pasillo. Dio dos pasos y golpeó la puerta de Damián.
La puerta se abrió casi de inmediato.
—Hasta que al fin… ni con limón se te borra la sonrisa.
Miriam rió.
—Hola, Damy. Dime qué querías contarme.
—Ven.
Damián se apartó para dejarl