—Me agrada saber que vino a mi fiesta, señor de la Rosa. —Saludo educado, disfrutando ver su viejo y débil cuerpo tensarse por mi presencia.
Sebastián de la Rosa, un hombre mayor con una reputación apenas estable. Por la superficie parece amable, tranquilo y familiar, pero en realidad es un manipulador que usa métodos muy cuestionables para lavarle la mente a todo el que trabaje para él y convertirlo en una marioneta que siga sus órdenes sin cuestionar. No es muy valiente, tampoco muy fuerte, y