Capítulo 36.
—No tienes ni que pedírmelo —tomó sus labios desesperado. Cuantas veces soñó con tenerla así nuevamente, con su sabor y olor —. Te necesito —expresó sobre sobre su boca, mientras sus manos le quitaban la bata de baño.
—Y yo a ti… —contestó abstraída en sus caricias —pero estas herido.
—Esto no va a detenerme pequitas —sonrió con sensualidad.
Lamia su cuello como si fuera un helado, su lengua subía despacio desde la clavícula hasta la oreja. Al sentir su sabor toda su piel se erizó y su dese