Capítulo 44.

—¿Madrina Lea?

Al escuchar aquel diminutivo y el eco de una voz tan familiar, su corazón se comprimió dolorosamente. Levantó la mirada con cautela, como temiendo que todo fuese un espejismo. Pero cuando sus ojos se encontraron con los de Armando, su cuerpo entero se estremeció.

Se puso de pie de inmediato, y su mirada, antes apagada, se llenó de regocijo y cariño.

—Armando… —susurró con la voz entrecortada, extendiendo los brazos con desesperación contenida.

Armando no lo pensó dos veces. Con l
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