Killiam
Los días transcurren como si fueran un parpadeo ajeno, pues no los percibo. Sé que el sol sale y se pone, que todo sigue su curso natural, pero estoy tan vacío que no siento nada.
Es como si este letargo me estuviera consumiendo de forma lenta y dolorosa y, aun así, no me importa morir en esta destrucción sutil y holgazana.
Solo sé que respiro. A veces madre me obliga a comer y, aunque los alimentos son insípidos para mi paladar, me los trago para no escuchar la cantaleta repetida de e