Capítulo 63: La justicia no siempre llega por la ley… a veces llega por la hija que nadie vio venir
Viena amanecía gris cuando Valentina volvió.
Tomás la esperaba en un café escondido, con ojeras marcadas y una mirada que mezclaba preocupación y orgullo.
—¿La viste? —preguntó apenas la tuvo frente a él.
Valentina asintió.
Se sentó, le tomó la mano con fuerza.
—No solo la vi, Tomás…
la sentí mirándome.
Como si todo esto fuera parte de su plan.
—¿Y ahora?
—Ahora la vamos a romper.
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Esa misma tarde, en el departamento seguro, desplegaron todo sobre la mesa:
fotos, documentos, trazas bancarias