La decisión estaba tomada.
Ahora, Valentina ya no buscaba verdades por rabia.
Lo hacía por justicia. Por los años robados. Por los silencios impuestos.
Por todo lo que su padre disfrazó de legado… y que ahora sabía que era crimen puro.
—¿Cómo lo llamamos? —preguntó Tomás, mientras abrían la carpeta digital.
Valentina no dudó.
—Caso D.
El nombre quedó grabado en el encabezado, sobre un fondo negro.
Una carpeta cifrada, con respaldos automáticos en la nube y una clave que solo ambos conocían.
Esa