La noticia estalló al amanecer.
“El senador Guillermo Ramírez es investigado por lavado de activos y desvío de fondos públicos en alianza con Isabel Montenegro.”
El rostro del senador apareció en todos los medios: ojeroso, descompuesto, cercado por micrófonos. Una cámara filtrada mostraba la firma de su puño y letra en los protocolos que debieron proteger a Julián Gaitán. Una firma que lo conectaba con la corrupción y lo volvía cómplice del silencio que llevó al muchacho a la muerte.
Valentina