Las calles comenzaron a llenarse al amanecer.
Primero fueron unas pocas personas frente al Palacio de Justicia, con velas y carteles con el rostro de Julián Gaitán. Después, estudiantes de universidades públicas, colectivos de derechos humanos, periodistas y ciudadanos comunes se sumaron a la marcha improvisada. Sin líderes. Sin políticos. Sin discursos. Solo una multitud cansada de callar.
Los medios, obligados por la presión social, comenzaron a transmitir en vivo desde diferentes puntos del