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—¿Listos? —preguntó Valentina, con el dedo temblando sobre el botón de “publicar”. La respiración contenida. El corazón latiendo con fuerza. Sabía que después de ese clic, no habría vuelta atrás.
Sebastián asintió sin despegar los ojos del portátil. La pantalla mostraba el archivo cargado, las pruebas alineadas, la red esperando el rugido.
Tomás, firme junto a la ventana, vigilaba con binoculares de largo alcance desde el piso catorce, recorriendo cada sombra sospechosa entre los techos y