La filtración del video de Julián Rivas sacudió al país como un terremoto.
Titulares emergían uno tras otro:
“Confesión histórica: exministro revela red de corrupción liderada por Isabel Montenegro”
“El padre de Valentina Duarte rompe el silencio y pide perdón”
“Colapso institucional: ¿cuántos sabían y callaron?”
La imagen de Valentina, serena y firme al lado del video, se volvió símbolo de una generación que no se dejaba corromper.
Y aunque muchos lo celebraban, dentro de ella algo se quebraba