La llamada terminó con un "cuídate" y un "suerte mañana" de Dumas que, en cualquier otra circunstancia, me habrían llenado de calma. Pero no podía sacarme de la cabeza la imagen de Theo en mi puerta. Sus palabras, su coqueteo inadecuado, el miedo que me había provocado. Y ahora, Dumas se fue de emergencia. Era demasiado. Me dolía la cabeza y el corazón. Me senté en mi sofá, en mi apartamento, sintiéndome pequeña y sola de nuevo.
Los siguientes días fueron una especie de neblina. Me refugié en e