Mientras Ilein seguía moviéndose al ritmo de la música con Salvador, la atmósfera de la discoteca Inferno era un torbellino de luces y sonidos. Las luces estroboscópicas danzaban sobre las cabezas de los asistentes, creando sombras que se entrelazaban con la energía vibrante de la noche. Camila se acercó a Toni, quien estaba en la mesa reservada del área VIP, con una sonrisa cómplice que no pasó desapercibida. Su andar era seguro, pero su mirada, intensa y calculadora, revelaba una intención oc