El sol aún apenas rozaba los tejados de la casa de campo cuando Julliano irrumpió en la habitación de Ilein y Máximo, con los ojos brillantes de emoción y los pies descalzos sobre la alfombra. Vestía pantalones cortos y una camiseta de colores claros que Margarita le había preparado la noche anterior.
—¡Ya es hora! ¡El abuelo Victorino dijo que los peces están más hambrientos temprano! —gritó el niño, saltando un poco sobre la cama mientras sus padres se despertaban entre sonrisas y bostezos—.