El sol de la mañana filtraba su luz entre los cristales del invernadero, calentando el aire húmedo que olía a tierra fértil y flores en flor. Máximo se apoyaba en la barandilla de madera que separaba los bancales de rosas rojas, sus manos hundidas en los bolsillos del pantalón mientras la humedad del suelo le llegaba hasta los pies descalzos.
Mientras en el salón principal de la casa se escuchaban las risas de Julliano, los voces de Joana y Victorino, y el murmullo de Marcelo contando alguna an