El día se desvaneció como el humo de una chimenea, cargado de risas, descubrimientos y el aroma a tierra y sol que impregnaba cada rincón de la finca Moretti. Julliano corrió de un lado a otro, sus piernas pequeñas no alcanzaban a seguir el ritmo de su entusiasmo: primero Marcos le mostró los corderitos Luna, Sol y Estrella – tan tiernos que el niño pasó media hora acunándolos contra su pecho – luego los caballos del establo, donde el jinete Carlos le permitió montar sobre el lomo de una yegua