Máximo se había retirado al oscuro despacho de su penthouse, con la mirada perdida en el horizonte de Milán. La imagen de Ilein seguía revolviéndose en su mente, quemando cada rastro de cordura que le quedaba. Pero en su mente, ya estaba urdiendo la manera de hacerla pagar su osadía.
Dada la naturaleza de la obsesión de Máximo, sus intenciones combinaban elementos de manipulación emocional, control y dominación, con una justificación distorsionada de sus acciones como actos de amor. La peligro