Doce meses después de llegar a Lyon, Julliano caminaba con pasos torpes por el salón de la casa, mientras Jean Pierre le seguía con los ojos atentos, listo para agarrarlo si se tambaleaba. El pequeño tenía ya su cabello negro largo y rizado, sus ojos azules brillaban con curiosidad por todo lo que veía, y ya empezaba a decir palabras como "papá" (refiriéndose a Lucas) y "mamá".
Ilein miraba desde el despacho que había convertido en taller, con un trozo de tela sobre la mesa y sus lápices de d