La gala de lanzamiento del Proyecto de la Seda en el Teatro alla Scala estaba en su punto álgido. El desfile de modelos había cerrado con un aplauso ensordecedor que resonaba en cada rincón del recinto, mientras los tejidos de seda en tonos dorados, azules y rojos brillaban bajo las luces. Ilein permanecía en el escenario, saludando a los invitados con una sonrisa que escondía la emoción acumulada. Sus ojos, aún húmedos de lágrimas de felicidad, recorrieron la sala hasta detenerse en el segundo