Hacía apenas dos semanas que la familia Moretti había reunido a todos sus miembros para celebrar la reapertura de su viejo viñedo en Toscana, cuando la noche del cumpleaños número treinta y cinco de Máximo se convirtió en un infierno hecho realidad. La fiesta se celebraba en la imponente villa familiar ubicada en las colinas de las afueras de Milán —una propiedad heredada de sus bisabuelos, con jardines que llegaban hasta los viñedos y vistas panorámicas de la ciudad—. El lugar estaba decorado