Al amanecer, el cielo de Alicante estaba despejado, pero un aire tenso envolvía la mansión Bianchi. Ilein había tenido contracciones regulares desde la madrugada —el bebé venía. Mariana, Susy y Margarita la ayudaban a prepararse para el viaje: las maletas estaban listas, los documentos falsos guardados en un portafolio resistente al agua, y José esperaba con el coche precalentado en la entrada.
—Tenemos que irnos ahora —dijo José, asomándose por la puerta—. El vuelo a Lyon sale en tres horas, y