Gabriel / No puedo verte sin desear tocarme.
El día ha sido un desastre, y el cielo gris, cargado de nubes que amenazan con romperse, parece burlarse de mi estado de ánimo. Prometí a mis amigos una aventura épica en Cuatrociénegas, pero aquí estoy, atrapado en un bar polvoriento, aburrido hasta los huesos, mientras Adolfo y los demás se pierden en risas y tragos con un grupo de extranjeras que vinieron a emborracharse y buscar sexo. Mi orgullo está herido, pero lo que realmente me quema es la ausencia de Luciana. Ni una llamada, ni un mal