No pude dejarlo ir. Cuando Gabriel salió de mi habitación, el vacío que dejó fue como un puñal en el pecho. Corrí tras él, mi corazón gritando que no podía perderlo. Al llegar a su lado, me envolvió en sus brazos, y lo besé, derritiéndome en su calor. Gabriel es mi mundo, el amor de mi vida, y la sola idea de su ausencia me arrancaba un pedazo del alma. Nunca imaginé que perseguiría a un hombre, pero él tiene algo que me desarma, algo que me hace perder la razón. Ahora, entre sus brazos, siento