La mañana llegó envuelta en neblina.
Bogotá apenas despertaba detrás de las ventanas mientras el sonido suave de la lluvia seguía acompañando la casa. Permanecí acostada varios minutos observando el techo, sintiendo algo extraño dentro de mí.
Calma.
Todavía me costaba acostumbrarme a ella.
Antes despertaba con ansiedad incluso en los días buenos. Mi cabeza comenzaba a correr antes de que siquiera pusiera los pies en el suelo.
Trabajo.
Problemas.
Pendientes.
Miedos.
Ahora había mañanas como esta