La lluvia regresó esa noche.
No fuerte. Apenas una llovizna suave golpeando las ventanas mientras Bogotá se apagaba lentamente bajo el frío.
Y, por primera vez en mucho tiempo, no sentí necesidad de distraerme del silencio.
Me quedé despierta un rato después de hablar con Alejandro, observando las luces lejanas de la ciudad desde la cama.
Pensando.
Pero distinto.
Antes pensar significaba hundirme.
Ahora… a veces simplemente significaba entenderme mejor.
…
La conversación con mi mamá seguía dand