Bogotá amaneció despejada por primera vez en días.
La luz entraba limpia por las ventanas del estudio y el aire frío de la mañana hacía que toda la casa se sintiera tranquila, casi inmóvil.
Y yo también me sentía así.
Tranquila.
Todavía me costaba aceptar esa palabra como parte de mi vida, pero ya no sonaba ajena dentro de mí.
…
Después de responderle a Tomás la noche anterior, algo terminó de acomodarse emocionalmente.
No hubo drama.
No hubo recaídas emocionales.
No hubo nostalgia destruyéndom