La finca se quedó en mi cabeza durante días.
No por el lugar.
Por cómo me sentí ahí.
Incómoda al principio. Inquieta. Casi desesperada por llenar el silencio con cualquier cosa. Trabajo, pensamientos, preocupaciones absurdas.
Y luego… calma.
No perfecta.
No completa.
Pero real.
Era extraño descubrir cuánto tiempo había vivido sin permitirme descansar de verdad.
…
Aquella mañana desperté antes que Alejandro otra vez.
La luz gris de Bogotá apenas comenzaba a entrar por las cortinas y el aire frío