La felicidad dejó de sentirse ajena.
No llegó como un momento perfecto ni como una gran celebración. Llegó despacio, instalándose en detalles tan simples que antes ni siquiera habría notado.
Las mañanas lentas.
Las conversaciones sin tensión.
La tranquilidad de entrar a casa y no sentir el pecho apretado.
Y aun así, había días donde me sorprendía pensando:
“¿De verdad esta es mi vida ahora?”
…
La nueva colección estaba entrando en su etapa final. El taller llevaba semanas trabajando intensament