Después de aquella noche en el jardín, algo dentro de mí cambió.
No de forma dramática.
No como esas películas donde todo hace clic de repente y el personaje despierta completamente transformado.
Fue más silencioso.
Como si una parte de mí finalmente estuviera cansada de vivir esperando pérdidas.
Y aunque el miedo seguía apareciendo de vez en cuando, ya no tenía el mismo poder sobre mí.
…
Los días comenzaron a sentirse más livianos otra vez.
Bogotá seguía siendo Bogotá: tráfico eterno, lluvia i