La ciudad amaneció cubierta de niebla aquella mañana.
Desde la ventana del estudio apenas podían verse los edificios más altos de Bogotá. Todo parecía suspendido en una calma gris y silenciosa que, curiosamente, ya no me incomodaba.
Antes necesitaba ruido para no pensar demasiado.
Ahora el silencio empezaba a sentirse como descanso.
Me acomodé en la silla con una taza de café caliente entre las manos mientras revisaba los últimos detalles de la colección. Faltaban pocos días para la presentació